Cuando la gratitud se convierte en música: un clarinete para honrar a la pastora Ana María Molinares
Marzo 13 de 2026Un gesto de gratitud que nació del corazón
Algunas celebraciones se recuerdan por los discursos, otras por los regalos.
Pero hay homenajes que quedan grabados en la memoria porque nacen de un profundo sentimiento de gratitud.
Eso fue lo que ocurrió durante el cumpleaños de la pastora Ana María Molinares de Muelle, una mujer barranquillera que ha dedicado su vida al servicio espiritual y al acompañamiento de muchas personas en su caminar de fe.
Para Efraín Negrette, ella no es solo una líder espiritual: es su madre espiritual.
Por eso decidió hacer algo diferente. No un discurso, sino un homenaje musical.
La búsqueda de la canción que representara su historia
Antes de preparar el homenaje, Efraín hizo algo muy sencillo pero significativo: preguntó a muchas personas cercanas a la pastora cuál era la canción que más le gustaba.
La respuesta se repetía una y otra vez.
“Mi vieja Barranquilla”.
Una canción profundamente ligada a la identidad del Caribe colombiano y a la nostalgia por la ciudad natal.
Elegir esa canción tenía un significado especial:
era una forma de conectar la celebración con las raíces de la pastora, nacida en Barranquilla.
Volver al clarinete después de años
El homenaje implicó también un desafío personal.
Hacía varios años que Efraín Negrette no tocaba el clarinete, instrumento que exige disciplina, técnica y sensibilidad musical.
Aun así, decidió retomarlo.
Ensayó durante días, muchas veces después de jornadas largas y cansadas.
Llegaba agotado, pero aun así tomaba el instrumento y practicaba.
No buscaba perfección musical.
Buscaba algo más importante: expresar gratitud.
Pensaba constantemente en una sola idea:
“Quería brindarle a mi madre espiritual algún gesto de agradecimiento con lo que yo pudiera.”
Y si había algo que a ella le gustaba profundamente, era la música, y especialmente su canción favorita.
Un homenaje acompañado por músicos profesionales
Para que el momento tuviera la calidad y el ambiente que merecía, Efraín no estuvo solo.
Contó con el acompañamiento de músicos profesionales, quienes se unieron al homenaje y ayudaron a crear una interpretación llena de emoción y respeto.
Las notas del clarinete comenzaron a llenar el ambiente de la Iglesia Centro Bíblico Rodadero, y la melodía de Mi vieja Barranquilla empezó a resonar entre los asistentes.
No era simplemente una interpretación musical.
Era un acto de honra.
Un hijo que viajó desde New York
El momento fue aún más significativo por otro detalle que emocionó a todos los presentes.
Gabriel Muelle, hijo de la pastora Ana María, viajó desde New York exclusivamente para homenajear a su madre en su cumpleaños.
Su presencia añadió una dimensión familiar y profundamente humana al evento.
No era solo una celebración espiritual.
Era también un momento de familia, reconocimiento y amor filial.
Una familia que sostuvo el homenaje
Detrás de este gesto también estuvo el apoyo constante de la familia de Efraín.
Su esposa Laudith Andrade, quien siente un profundo cariño por la pastora Ana María, fue una de las personas que más lo animó.
También lo acompañaron y motivaron sus hijos:
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Laura Marcela Negrette Andrade
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Juan Camilo Negrette Andrade
Ellos sabían cuánto significaba para él este homenaje.
Lo veían llegar cansado, pero también sabían que tenía un propósito muy claro: honrar a su madre espiritual.
Por eso lo motivaban incluso en los momentos de mayor agotamiento.
Cuando la música se convierte en agradecimiento
La interpretación de Mi vieja Barranquilla no fue solo una pieza musical.
Fue un puente entre muchas cosas:
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la identidad de Barranquilla
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la gratitud espiritual
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el amor familiar
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la música como lenguaje del alma
Cada nota del clarinete llevaba una intención sencilla pero poderosa: agradecer.
Un momento que queda en la memoria
Hay gestos que no necesitan grandes escenarios ni producciones.
A veces basta con un instrumento, una canción significativa y un corazón dispuesto a honrar.
El homenaje a la pastora Ana María Molinares fue precisamente eso:
un momento donde la música se convirtió en gratitud y donde una comunidad pudo celebrar la vida de una mujer que ha impactado muchas vidas.
Porque cuando la gratitud se expresa con sinceridad, incluso una melodía puede convertirse en una forma de oración.
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